En la siguiente entrega de nuestra serie Maternidad Moderna, conversamos con Danni Duncan, coach de fitness y nutrición, emprendedora y mamá de cuatro. Desde replantear expectativas hasta atravesar los altibajos de la alimentación, y encontrar tiempo para sí misma, Danni comparte una visión honesta, cercana y profundamente real de la maternidad.
La maternidad puede ser muy distinta a lo que imaginamos. ¿Has tenido expectativas que tuviste que cuestionar o transformar en el camino?
Con mi primer hijo tenía expectativas desmesuradas: ves el lado idílico en las redes sociales y piensas que va a ser pan comido. Tenía la idea de que mi hijo se adaptaría fácilmente a nuestro estilo de vida, pero definitivamente no fue así.
Aprendí a aceptar que la vida tiene que cambiar, que quizás no puedas hacer las cosas como antes y que todo es cuestión de tiempo. Una vez que establecimos rutinas y estructura, todos fuimos más felices. Eso significó que a veces teníamos que quedarnos en casa para las siestas, pero no me importa.
También he aprendido a seguir mi propio ritmo. Cada familia es diferente y cada uno tiene sus propias costumbres. Es fácil sentirse juzgada cuando alguien hace algo diferente o te juzga por enseñarle a tu hijo a dormir solo... pero siempre diré: si te funciona y crees que estás haciendo lo mejor para tu familia, ¡genial!
Lo importante para mí es mi relación con mi esposo, mi salud, así que poder comer bien, hacer ejercicio y tener tiempo para mí, y que mi bebé no dependa de mí. No soy una mártir de la maternidad. Creo que soy una muy buena madre, pero definitivamente no soy de las que renuncian a todo por ella. Personalmente, tampoco creo que eso les demuestre a mis hijos lo que quiero para ellos.
Has compartido abiertamente tus desafíos con la lactancia con tus tres primeros hijos, y también la alegría de tu experiencia con London (¡y una producción impresionante!). ¿Podrías contarnos un poco más sobre ambos extremos de esta experiencia y cómo han influido en la forma en que ves la maternidad hoy?
Claro. Con Harper, siento que mi educación sobre la lactancia y la nutrición en general era bastante limitada, y mis prioridades estaban completamente invertidas. Había subido bastante de peso durante el embarazo, así que estaba apurada por “volver” a ser quien era antes. Sin el conocimiento que tengo hoy (que adquirí cuando Harper tenía 4 meses), simplemente comía menos… y luego no entendía por qué mi producción de leche disminuía drásticamente.
Además, no estaba bien a nivel emocional: no me gustaba cómo me veía, estaba completamente agotada porque ella no dormía bien… todo eso terminó afectando profundamente mi salud mental. A los 4 meses, Harper no estaba ganando suficiente peso, así que nos recomendaron introducir fórmula. Eso me hizo sentir como un fracaso, y ese sentimiento solo empeoró aún más mi producción de leche. Finalmente, dejé de amamantar a los 6 meses.
Con los mellizos fue completamente distinto. Tenía una producción increíble. Al principio, amamantaba a Beau y extraía leche exclusivamente para Harlow, además de complementar a Beau. Harlow nació con bajo peso (1,8 kg) y durante 8 días fue alimentada por sonda, así que me indicaron que era demasiado pequeña para amamantar hasta que creciera un poco más.
Estuve extrayendo leche con una máquina hospitalaria, conectada a la pared, durante 6 semanas. Fue agotador. Comía mucho, y no había subido casi de peso durante el embarazo (más allá de los bebés y la placenta), así que no tenía esa presión de “volver” a mi cuerpo anterior como con Harper. Pero alimentar a dos bebés y además tener que extraer leche constantemente… sentía que mi vida era solo dar de comer y sacar leche. Y Harper, mientras tanto, casi no tenía tiempo conmigo.
Recuerdo un día en particular: estaba a mi lado mientras yo me extraía leche y me dijo “mamá, ¿jugamos ahora?”. Y yo no podía. Me rompió el corazón. Así que a las 6 semanas decidí parar, aunque tenía leche almacenada en el congelador que nos alcanzó hasta las 10 semanas.
Con London, entré en esta etapa con muchas menos expectativas. Quería amamantar y, por supuesto, estaba dispuesta a intentarlo, pero no iba a sacrificar mi salud mental en el proceso. Incluso compré fórmula por si acaso. Empezamos, y nuevamente mi producción fue excelente. Pero esta vez lo hice con muchísimo más conocimiento: entendiendo la importancia de alimentarme bien, de consumir suficiente proteína, de priorizar alimentos reales y de mantenerme muy hidratada. Y, sobre todo, de cuidarme a mí misma para no vivir bajo estrés. El estrés, sin duda, es uno de los mayores enemigos de la lactancia.
Además, descubrí Lacevo, un extractor de grado hospitalario completamente manos libres… y eso cambió todo para mí. Podía extraer leche mientras jugaba con mis hijos, hacía la cena, iba a buscarlos al colegio… mientras seguía viviendo mi vida. Eso eliminó gran parte del estrés.
Amamantaba a London, la complementaba y luego extraía leche. Terminé almacenando más de 30 litros: 10 litros los deshidraté y 18 los doné, quedándome aún con algunos en casa.
Esta experiencia ha sido totalmente distinta. Me siento más feliz, London está feliz, mi cuerpo se siente fuerte… y, a los 4 meses postparto, incluso estoy corriendo hasta 30 km mientras entreno para una maratón. Y, curiosamente, mi producción de leche está mejor que nunca.
¿Qué es algo de la maternidad de lo que se habla poco?
Mmm… quizás lo importante que es el descanso. Pero no solo para el bebé, también para la mamá. Dormir bien y cuidarte de verdad —pero de verdad—. No hablo de hacerse las uñas o un facial, sino de alimentarte bien, moverte, cuidar tu salud física y mental. Porque cuando eso está bien, todo lo demás se vuelve más liviano. Todos están mejor, más felices.
Existe como este estigma de que “ahora no es el momento para ir al gimnasio, para bajar de peso o para entrenar para una maratón”… pero ¿por qué no? Puedes ser una mamá increíble y, al mismo tiempo, cuidarte a ti. De hecho, esa fue una de las razones por las que creé mi app: para que las mamás pudieran entrenar en casa, con sus bebés cerca si era necesario, y al mismo tiempo seguir alimentándose de manera nutritiva. TÚ importas.
¿Había alguna “regla de crianza” que juraste seguir… pero que terminaste rompiendo?
La verdad es que no soy mucho de seguir reglas, jaja. Y la mayoría de las cosas que dije que haría, las he cumplido. Siempre dije que no habría iPads, y Harper ya tiene 6 años y seguimos sin iPads. Para mí eso es importante. Lo mismo con la comida.
Siento que mi rol como mamá es ayudarlos a ser la mejor versión de sí mismos. Y sí, a veces eso significa que no les guste lo que digo. Estoy bien con “quedar mal” si eso implica hacer lo correcto. Sé que algún día me lo van a agradecer.
Harper me pregunta todos los días: “¿de verdad tengo que esperar hasta los 12 para hacerme los aros?”… y sí, tiene que esperar. Y mamá no va a ceder, por mucho que insista.
¿Hay algo de tu infancia que te aseguras de transmitir a tus hijos?
Recuerdo que una vez le dije a mi abuela que estaba aburrida, y ella —que era muy religiosa, aunque yo no lo soy— me dijo algo que nunca olvidé: “Decir que estás aburrida es casi un insulto a Dios”. Me explicaba que hay tantas cosas que puedes hacer, solo tienes que usar tu imaginación.
Y eso era en los 90, antes de las pantallas, los computadores y el entretenimiento inmediato. Así que eso intento inculcarles a mis hijos: si estás aburrido, inventa algo, crea, transforma. Y la verdad es que son increíbles para eso.
También la apertura. Crecí en una familia muy abierta, donde podía hablar con mis padres de cualquier cosa. Eso me hacía sentir segura. Y eso mismo queremos para nuestros hijos: que sepan que siempre estaremos para ellos, que pueden contarnos lo que sea, incluso si creen que podrían meterse en problemas. Que confíen en nosotros. Que sepan que los amamos, pase lo que pase.
¿Cuál es lo más divertido o inesperado que ha hecho uno de tus hijos últimamente?
¡Ay, Harper hoy en la mañana! Chris tenía ese clásico “resfrío de hombre”… y sabemos lo dramático que puede ser eso. Estaba tirado en el sofá, sintiéndose fatal, y Harper lo mira y le dice: “Papá, cuando mamá está enferma, igual sigue con todo… pero cuando tú estás enfermo es como ‘aghhh…’”, y hace una actuación exagerada, como desmayándose hacia adelante.
Fue TAN gracioso que casi escupo el té de la risa. Chris, eso sí, no encontró nada divertido.
Y el otro día Harper dijo algo que me llenó de orgullo. Me preguntó por qué era más pequeña que sus amigas. Le dije: “Todos tenemos distintos tamaños y formas, eso es lo que nos hace únicos, ¿no crees?”. Y ella me respondió: “Sí, como el hombre que vimos con esa marca de nacimiento en la cara. Era tan genial, tan único”.
Se me llenaron los ojos de lágrimas. Los niños pueden ser tan puros, tan hermosos en su forma de ver el mundo.
¿Cómo logras darte tiempo para ti en medio del caos de la crianza?
Me levanto a las 5 a.m., jaja. Pero hablando en serio, esa es la clave. Es mi momento: puedo entrenar, desayunar tranquila, hornear mi pan, organizar mi día y tomar mi té en paz. Es llenar mi propia energía antes de que el resto despierte.
Además, Chris y yo somos muy buenos para darnos ese espacio mutuamente. Yo salgo a correr, él va al gimnasio… hacemos un gran equipo, y estoy muy orgullosa de eso.
¿Qué es algo que tus hijos te han enseñado sobre la vida?
Que todo pasa demasiado rápido… y que hay que aprender a disfrutar incluso los momentos caóticos. No puedo creer que Harper cumpla 7 años este año. ¿En qué momento pasó? Si hace nada era mi guagüita.
También me han enseñado a no gastar energía en cosas pequeñas. De verdad, no importa. Si no va a importar en cinco años, tampoco debería importar cinco minutos. Puedes volver a ganar dinero, mejorar un negocio… pero ese tiempo cuando son pequeños no vuelve. Y, sin duda, me han hecho mucho más paciente de lo que alguna vez fui.
¿Qué tendencia actual de crianza te encanta… y cuál podrías dejar de lado?
Creo que hoy hay herramientas y enfoques muy valiosos sobre cómo acompañar a los niños en situaciones difíciles, cosas que antes muchas veces se resolvían con golpes o sin intentar realmente entenderlos. Y aunque no soy completamente partidaria de la crianza “ultra respetuosa”, sí creo que es importante comprender más.
Los niños necesitan límites y saber quién está al mando, pero también hay muchísima información valiosa hoy. Por ejemplo, entender que su lóbulo frontal aún no está completamente desarrollado y que no siempre pueden gestionar sus emociones como esperamos. Ese tipo de conocimiento me parece increíble.
Lo que definitivamente no comparto es el uso de pantallas. Sé que suena a “en mis tiempos…”, pero es verdad. Nosotros no necesitábamos iPads, ni nuestros padres tampoco. Encontrábamos formas de jugar, de crear.
Siento que quienes no usan pantallas reciben más críticas que quienes sí lo hacen, porque muchas veces buscamos validar nuestras propias decisiones. Pero no es lo mío. Creo que estamos disminuyendo la capacidad de nuestros hijos para interactuar, para imaginar, para conectar, al tenerlos constantemente frente a una pantalla. Es algo que me importa muchísimo… aunque sea irónico, considerando que todo mi negocio es online.
¿Cuál es un momento de tu maternidad que sientes realmente especial?
¿Solo uno? ¡Tengo cuatro hijos, jaja! Hemos vivido momentos increíbles: viajes, vacaciones, experiencias en familia… y ahora me emociona poder seguir creando recuerdos con London.
He tenido momentos de orgullo con cada uno de mis hijos. No creo que haya solo uno que destaque por sobre los demás. Nuestro viaje a Europa en 2023, que terminó con un aborto espontáneo, siempre va a ocupar un lugar muy especial en mi corazón. A pesar del dolor, vivimos momentos hermosos como familia, y eso lo atesoro profundamente.
Me siento muy bendecida y agradecida por todo lo vivido. Pero, sin duda, cuando estamos todos juntos —mis hijos y Chris, en un mismo lugar— eso es lo que realmente se siente mágico.













