La maternidad moderna con Samantha Herewini

La maternidad moderna con Samantha Herewini


Nos sentamos a conversar con Samantha sobre todo lo que implica la maternidad moderna: el equilibrio constante, la alegría y ese hermoso caos que hay entre medio. Desde las huellas pegajosas en todas partes y las noches sin dormir, hasta la inesperada belleza de las rutinas cotidianas, Samantha comparte cómo se ve la maternidad en su vida hoy, cómo la ha transformado y los pequeños recordatorios que la mantienen con los pies en la tierra.  

 

¿Cómo se ve la maternidad moderna en tu vida hoy?

Es como intentar abarcarlo todo… y, al mismo tiempo, aprender a estar bien con hacer menos. Es equilibrar el trabajo y el hogar, encontrar pequeños momentos solo para mí y cuestionarme constantemente qué significa realmente el “equilibrio”. Está lleno de amor, culpa, alegría y caos… todo al mismo tiempo.

 

¿Hubo un momento en que dijiste “sí, ahora definitivamente soy mamá”?

¡Jaja! Ha habido varios. Las pequeñas huellitas pegajosas en mis jeans blancos y en cada ventana de la casa, los autitos atascando el desagüe de la ducha, esas tomas nocturnas del bebé en medio del cansancio, medio dormida y con el pelo enredado. Pero también están esos instantes en que sus manitos sostienen mi rostro o buscan mi mano. Ese “mamá, te amo” que aparece de la nada desde el asiento trasero del auto, sin ninguna razón… esos momentos lo cambian todo.

 

¿Qué es lo que más te sorprendió de la maternidad, para bien o de una forma inesperada?

Cuánto llegué a amar lo cotidiano: las rutinas, los pequeños rituales, los momentos más crudos y reales. También me sorprendió la capacidad infinita de mi corazón para amar. Nunca había experimentado un amor tan profundo, tan hermoso y tan desinteresado hasta convertirme en madre. Y ese instinto protector… es simplemente impresionante. 

 

¿Cómo ha cambiado ser mamá la forma en que te cuidas?

Me ha hecho mucho más consciente. Ya no tengo tiempo infinito, así que intento proteger esos pequeños espacios que logro encontrar: una caminata sola, un café que aún esté caliente, aceptar ayuda cuando la necesito. No es algo glamoroso, pero es un autocuidado real. Antes me sentía culpable por tomar tiempo para mí, pero en el último año entendí que es esencial, no solo para mi salud mental, sino también para el bienestar de mi familia. 

 

¿Qué te gustaría que más personas hablaran sobre los primeros años de la crianza?

El cambio de identidad. Esa sensación de perder partes de ti misma, y cómo, poco a poco, vas reencontrándote… o avanzando hacia una nueva versión de ti. Siento que no se habla lo suficiente de esto con la honestidad y la suavidad que merece.  
¿A qué recurres cuando sientes que todo te sobrepasa?
Respirar profundo. Una ducha caliente. Una oración pidiendo fortaleza interior. Llamar a una amiga que entienda lo que estás viviendo. A veces, simplemente salir un par de minutos al aire libre me ayuda a reiniciar.  

 

¿Qué consejo recibiste como mamá primeriza que realmente se quedó contigo?

“Esto también pasará”. Es una verdad tan simple, pero cuando estás en medio de todo —las noches sin dormir, las pataletas, la dependencia constante— recordar que nada es para siempre ayuda mucho. Y entender que esos momentos son, en realidad, fugaces.  
¿Y qué consejo te hubiese gustado recibir?
Que está bien no amar cada momento. Eso no te hace una mala madre… te hace humana. 

 

¿Qué estás aprendiendo junto a tus hijos en este momento?

Paciencia. Todos los días. Y también a estar más presente. Los niños viven en el aquí y el ahora con una naturalidad increíble, y estoy intentando seguir su ejemplo.

 

¿Qué esperas que tus hijos vean en ti cuando crezcan?

Que estuve ahí para ellos con amor, incluso en los momentos en que estaba cansada o al límite. Que fui amable, que lo intenté, y que siempre les di espacio para ser ellos mismos. Que fui su lugar seguro y su mayor apoyo.   

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